mínimas

Cada mañana transitó pausadamente el delicado desvelarse de su piel; cada tarde absorbió los gestos más íntimos en su rostro. Se descubrió hondamente seducido por ella. Pero la mujer sólo tenía miradas para su propio encanto. Ajena, incapaz de comprender la silenciosa pasión que despertaba. El despliegue diario de belleza acrecentó en él deseo y timidez al mismo tiempo. Una noche, la picardía del destello enardecido de su cuerpo desbordó el encanto en la mujer, sacudió bruscamente los reflejos, hizo eyacular con furia al espejo avergonzado.

31-01-08 - Publicado por bardamu | incidencias | | 6 comentarios

6 comentarios »

  1. La furia eyaculatoria podrá ser cierta, pero quita belleza al resto, en mi opinión. Algo me chirria en ese maridazgo furia-eyaculación, acaso el segundo término es demasiado técnico, el primero, en cambio, de alcance mítico. Digo, per codere. Muy lindo texto, Luis, acorde a estos tiempos yoicos.

    comentario por inx | 31-01-08

  2. ¿Pero hubo que lamentar heridos?

    comentario por inx | 31-01-08

  3. si, un ego astillado.

    comentario por bardamu | 31-01-08

  4. Pobrecito

    comentario por inx | 31-01-08

  5. La mina esta… Vivía sola, no? Porque si el espejo se calentó con semejante cosa vanidosa, es porque no vio nunca una mujer de verdad.

    Un abrazo.

    comentario por anais | 31-01-08

  6. Me encantó. Y qué bueno lo que dice Inés, el alcance mítico de furia. Antes de leer el comentario pensé en la rabia del espejo en su impotencia y con eso me quedé. Pero qué buenos dobleces.

    comentario por Vero | 1-02-08


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