Casi al anochecer Viscarra nos preguntó si todo aquello que le quedaba por hacer en el resto de sus días estaría ceñido por tener que mirar a los ojos a los perros y a los mendigos. No tenderles la mano, dijo, tan sólo fijar los ojos en los ojos de los perros y los mendigos. Pensé que era difícil seguir viviendo y al mismo tiempo ser lo suficientemente valiente como para desdeñar la vida hasta ese nudo. ¿Como Dostoievski? preguntó Delgado; de perros y mendigos y dostoievskis entiende sin rebusques, Delgado. Corregí: ¿como dice el escritor, otro, que dice Dostoievski? Como Viscarra, dijo Viscarra; como a un igual, alguien capaz de meterse en un zaguán o una callejuela para rastrear hilachas de sí mismo en otras miradas. No te hagás ilusiones, le respondió Delgado: vamos hundidos por nacimiento y por voluntad, mamados por afición, antojados del hundimiento: nada esperamos del mundo, nada nos interesa más que el mundo.


biblioteca mínima
Cuánto silencio, don Luis. ¿Hay huelga de mínimas?
comentario por franco | 20-02-08
hay fin de vacaciones, abrumador comienzo de tareas, o taras; y, como es sabido, el silencio grita.
comentario por bardamu | 20-02-08