Eclipse, fe y esperanza. Aquellos que se asomaron a las terrazas para azuzar melancolías con el eclipse nocturno recibieron el bonus de unas cuantas picaduras de mosquito. No hay mal que por bien no venga y semejante romanticismo astronómico suele pagarse con riesgos impensados. Uno: la picadura de aedes aegypti, chupador que suele inyectar un flavivirus en el tejido celular subcutáneo. Vulgarmente, es el bicho que traslada la fiebre amarilla y que está haciendo trastabillar las reservas de vacunas en las laderas paraguayas . El virus tiene un período de incubación de tres a seis días, tras los cuales no pasa nada o, en cambio, comienza el período de infección: escalofríos, fiebre, dolor muscular y, especialmente, coloración roja en la cara y en la piel. Una forma algo ingrata de alcanzar los deseos de Kafka y de Leopoldo María Panero que, en metáfora involuntaria, reproduce el kurupicho.

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Ante tanta referencia blogeril al fenómeno de anoche me pregunto: ¿Mendoza fue la única ciudad del país nublada precisamente a la hora del eclipse? Cuando no son los gobiernos mediocres es el clima, pero por algún lado siempre quedamos relegados. Igual de los mosquitos no nos salvamos y del ánima de Gregorio Samsa, por suerte, tampoco.
Abrazo.
comentario por Maguila | 21-02-08
Y está bien el mix. De él se puede hacer una versión así:
Te picaré mañana cuando la luna salga
y el primer eclipse me diga su palabra
te picaré mañana poco antes del alba
cuando estés en el lecho, perdida entre la fiebre
y será como cópula o flavivirus en los labios
como aedes aegypti, o como desgracia.
comentario por Luc | 21-02-08
Mendoza y la esquina de mi barrio: pero nos salvamos Maguila, el resto del país quedará contaminado y se retorcerá intestinalmente entre las fiebres más audaces.
yo que vos, corro a ponerme la vacuna, luc.
comentario por bardamu | 21-02-08