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¡Si llega la mañana! ¿qué quieren que haga yo cuando llegue la mañana, si llega? dijo Delgado: a mí, a Viscarra que no lo oía, a Luciana que lo escuchaba de relieve. Todo está preparado para la mañana menos nosotros, dijo Delgado; ¿qué quieren que haga si el hierro fluye y dulce y horda en medio del fuego en la mañana? ¿por qué habría de importarme a mí el fuego si fluye y un señor que acuchille a la señora: un cuchillo de cocina mocho y abollado y de óxido en vez de filo? Cuando llegue la mañana, si llega, no sabremos donde estamos, dijo Delgado, ni dónde vamos; no estamos preparados para la mañana, dijo. Pensé que Delgado fingía preocupación como siempre que habla de esa manera pomposa y demasiado abstracta. A nadie le gusta beber en cuanto la luz asoma, dije, más bien dije a Luciana, alzando los hombros: en el extremo del naufragio hay, en Luciana, todavía, una mujer arrodillada. ¡A nadie le gusta beber entre cajones de muertos! casi gritó Delgado (pero tal vez no él, sino el viejo Sáenz desde otro mundo). No son ataúdes, cortó Viscarra, son cajones de manzana y no usó cuchillo, sino pistola. Entonces sí lo oía y a mí y también, quién sabe, a Luciana. Yo veo cajones de muertos, aunque sin muertos, dijo Delgado acoplado a la nueva lógica del alba, descarnada, de Viscarra. Me preocupa si eso es un problema de conciencia, dijo Delgado, o de actitud. Viscarra lo miró y dijo que no sabría: yo no sabría, dijo, vemos fantasmas cuando se acerca la mañana y hay que tener una idea, una, por lo menos un plan, para enfrentarla; estás demasiado borracho, dijo Viscarra, no supe si a Delgado o a mí. No quería escucharlo, ni tampoco a Delgado. Me hubiera gustado aislar la voz de Luciana, que no hablaba y de no hablar casi no lograba verla y mientras ellos dos buscaban una excusa para alargar la noche entre cajones y muertos y manzanas comencé a darme cuenta que no se trababa de cuchillos ni de conciencias. Ni siquiera de Luciana, ausente, sino de la mañana. No de sacrificar lo hecho, porque todo está ya hecho y sólo habíamos tres, y los tres, borrachos, resumiendo cuentas en el final de la noche, avergonzados del final de la noche: Delgado tiene razón cuando afirma que no estamos preparados para la mañana, cuando llega, la mañana.

1-04-08 - Publicado por bardamu | incidencias | | 2 comentarios

2 comentarios »

  1. Muy bueno.
    Asocio: cuando llegue la mañana, si es que llega, Perón también va a estar entre medio. A favor, en contra, o miando fuera e’tarro.

    comentario por nonimo | 3-04-08

  2. lo último, por la próstata.

    comentario por bardamu | 3-04-08


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