Ordoñez. Quisiera darte un sano consejo: no te propases; no siempre es bueno hacerse el chistoso y con el perdón de las señoritas aquí presentes, venerables, te digo: hacés mal en confundir un trozo de vida con una lata de orines. A mí, no me importan tus enseñanzas. ¿Qué saco yo comprendiendo tus chistes, tus absurdos? ¿En qué me afecta que un trozo de vida sea un tesoro de sabiduría? Todo el mundo sabe que no discuto: sólo exijo que se respete a las damas que honran mi espacio. Te seré franco: no me gustan tus inventos, no los veo, no los entiendo: por hacer tus cosas bien pecás de chistoso, por hacerte el chistoso pecás de irrespetuoso, por ser irrespetuoso pecás de insolente, por insolente acabás cobarde.
El bosque es grande. La oscuridad también. Hay veces que un pequeño gorrión picotea las migajas. No soy más que eso. Ni siquiera eso.
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