Ya no parece que seamos o que vayamos a ser. Nadie nos fuerza a seguir corriendo; nada aplaza nuestras insatisfacciones legítimas. Incapaces de distinguir entre accidentes o contingencias tampoco podemos conocer la diferencia entre estar felices o infelices. Siempre logramos hacer lugar para el arribo de un nuevo padecimiento, alguna inhibición desconocida, algún otro consumo inútil de vida.
No hay comentarios »
Aún no hay comentarios.
Deja un comentario
El bosque es grande. La oscuridad también. Hay veces que un pequeño gorrión picotea las migajas. No soy más que eso. Ni siquiera eso.
biblioteca mínima