Se equivoca K. cuando piensa que tras los corredores vacíos existen puertas para abrir. Se engaña al creer que si detrás de las puertas no hay nada, todavía hay otros pisos. Finge y oculta K. cuando afirma que si en otros pisos tampoco hay nada, hay que ir escaleras arriba con alguna ilusión. Pero sobre todo miente, y miente descaradamente, al decir que en tanto no se deje de subir no se terminan los escalones. Los escalones no crecen tras nuestros pies que suben, amigo K.: los escalones bajan delante de nuestros pies, que se contraen.
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El bosque es grande. La oscuridad también. Hay veces que un pequeño gorrión picotea las migajas. No soy más que eso. Ni siquiera eso.
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